sábado 28 de noviembre de 2009

El periodismo de Vigorra no avillana el estilo

Discurso de introito previo a la ponencia del conocido periodista en Jerez

Aquí y ahora –a tiempo presente, in situ e ipso facto- se cumple a rajatabla, a machamartillo, a ultranza y sin ninguna clase de injerencia o de ambiguo intrusismo… se cumple, sí, y se talla a fuego de ley con la gubia siempre sabia de la bonanza, el epígrafe que da título, corolario, cabecera, coda y epígrafe al ciclo del Aula de Periodismo coorganizado al alimón, al unísono y al arrullo del más práctico y pragmático servicio social por el Grupo Romero Caballero –que me honro representar- y por la Asociación de la Prensa de Jerez –a mi costadillo personificada por la antes mencionada periodista de pro María José Pacheco-.

Decía que hoy se materializa -sin tapaduras dialécticas y sin tapaderas sintácticas- la denominación de origen del código de barras del Aula que hoy nos acoge. Me refiero, naturalmente, al descriptible y descriptivo enunciado de… ‘Diálogos en libertad’. Porque, si entramos en harina por la vía del complemento directo, cabría preguntarse antes que después: ¿Acaso el escritor y periodista que hoy nos acompaña no representa en sí mismo, en su currículo profesional y en las venas de su sangre de héroe de multitudes el merecidísimo calificativo de dialogador, conculcador e inoculador de libertades?

¿No representa Jesús Vigorra la antonomasia, el paradigma y la constante vital de la libertad que a veces se nos escapa –como agua de entre las manos- a los andaluces no siempre facultados de los mecanismos necesarios para ejercer nuestra mera naturaleza constitucional de hombres de hechos y de derechos? ¿No ejerce Vigorra el periodismo a contracorriente del buenismo campante, del relativismo marchante, del pasotismo circundante, para así dotar a la profesión de la dignidad, la magnanimidad y la generosidad que implícitamente la ética periodística contiene y conlleva como llave de paso, como puente levadizo, como vaso comunicante entre los gerifaltes de los gobiernos, los no pocos ejercientes de la sopa boba de las administraciones y los inactivos tentempiés de la burocracia a veces abstrusa y aquellos otros que, teniéndola, son considerados los sin voz: es decir: el pueblo llano, la gente del procomún, las personas corrientes y molientes, los viandantes a menudo impotentes de contestaciones, reivindicaciones y legítimas pretensiones?

Don Ramón María del Valle Inclán, con su deje de bohemio cariacontecido –siempre una metáfora latiéndole entre el asomo de su luenga barba y la charada de sus botines de piqué-, nos dejó dicho y redicho que el periodismo avillana el estilo. El estilo literario y el estilo moral de los escribanos por veces subyugados bajo la yugular del poder establecido. Jesús Vigorra desmiente a las claras la máxima de don Ramón porque de cuando en cuando surgen hombrías como la suya, incapacitados a la postre para reírle las gracias a los caras, caretas y carotas que, subrepticiamente, hinchan a tutiplén sus estómagos agradecidos a costa de hurtos, desfalcos y escamoteos de toda índole y de toda laya.

Presten atención –redondeen las pupilas sin ojeras ni ojerizas- y aguarden la palabra tan radiofónica de Jesús, la introductoria de Javier Benítez y la susurrante urdimbre admirativa que desprenden las musas de vuestras reflexiones aquí acurrucadas como por arte de ensalmo. Tres voces que hoy dan la vez, que hoy se concatenan, que hoy se pertrechan: Jesús, Javier y nuestras conciencias. Ya lo sentenció –en verso de pedigrí- Miguel Hernández: “Unidos al agua pura / y a los planetas unidos / los tres dieron la hermosura / de los troncos retorcidos”. Estamos de franca enhorabuena. Cedemos y concedemos el altavoz de nuestro atril a un locutor que aniquila de raíz la injusticia de la andaluza intrahistoria anónima. Si todos los rincones de nuestro Sur del Sur contara con un Jesús Vigorra de tomo y lomo, entonces otro gallo cantaría –o desafinaría- en los submundos de los aprietos sin solución, de las injusticias sin techo y de los desafueros de los territorios comanches de la ley sin criterios de ecuanimidad.

Para el Grupo Romero Caballero entraña un alto orgullo contemplar la visita de Jesús Vigorra en nuestra mesa de debate. Primer espada de la causa común capaz de desatar el nudo gordiano de los problemas ajenos. Un caballero de la fraternidad, un príncipe salvador de las aguas borrascosas que anega los bolsillos de mangueros y mangantes. Así es Vigorra: un Jesús del siglo XXI, un defensor de las maravillosas pequeñeces que nos enaltecen o nos glorifican. Entre la verdad de su corazón y la realidad de lo cotidiano de seguro –leales e incondicionales- estaremos nosotros: el pueblo, el conjunto, el público. Siempre, siempre, siempre… el público.

domingo 22 de noviembre de 2009




María Dolores Herrera González y las células madre adultas

Con sus voces de trovadores de los sentimientos que nunca fenecen, con sus afinadas gargantas de querubines de los estanques dorados, con sus pentagramas de ensueño, con sus guitarras de sincronías musicales, así cantaban Los Panchos aquel pegadizo estribillo anunciador del “dicen que la distancia es el olvido pero yo no concibo esa razón”.

Pues bien: la prestigiosa –y por veces renombrada- ponente de esta noche ha hecho acopio del verso melódico de aquel trío de cantantes de los boleros de la nostalgia para estrechar e incluso para pertrechar el kilometraje que distancia o acerca Sevilla de Jerez…y así tampoco olvidarse ella de la generosidad que la avala al extender sus conocimientos por otros colindantes puntos de la geografía andaluza ni mucho menos alejarse en demasía de los vínculos fraternales que la unen –por la vía de la misma sangre- a esta Muy Noble y Muy Leal Ciudad Jerezana.

Sepan vuesas mercedes que nuestra conferenciante emerge directamente de la cuna de Híspalis, del útero materno y mariano de la muy cofradiera Ciudad de Sevilla –canto y acanto de gongorina morenía, costumbre de vivir bajo un cielo que no siempre perdimos según la proclama periodística del legendario cronista Joaquín Romero Murube y casa particular del Señor que todo lo puede cuyo domicilio encontramos en la romántica plaza de San Lorenzo.

De entrada –y prácticamente de oxigenada salida- digamos a bote pronto que María Dolores Herrera González es una eminencia en el género que domina, que dictamina y que –per se- propina. Créanme a pies juntillas: su currículum produce vértigo. De puro extenso, intenso e intonso. Ni siquiera el disco duro del ordenador de su bien merecido prestigio profesional da abasto para tantísimo pliego de cordel de sumandos docentes, premios, cargos académicos, méritos adquiridos y virtudes a medias acalladas por la forja de su sencillez.

Inclínense de inmediato –en retrospectiva genuflexión- los siete sabios de Grecia ante tan inminente y eminente fajo de folios curriculares como consecuencia de una persistente vocación por la Farmacología de su talento, por el vademécum de sus innúmeras virtudes y por el recetario de su bonhomía. María Dolores Herrera obtuvo del Grado de Licenciada en Farmacia en la Facultad de Farmacia por la Universidad de Sevilla calificándose con Sobresaliente y Premio Extraordinario su Tesis de Licenciatura. Asimismo es Doctora en Farmacia por la Universidad de Sevilla con Calificación: Apto cum laude. Desde hace también bastantes años adquirió el título/rango/distinción de Farmacéutica Especialista en Análisis y Control de Medicamentos y Drogas por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

El espacio renace ahora exiguo para condensar la plétora de ponencias que ha impartido por acá y por acullá, por estos lares y por incontables tribunas de muchísimos países de nuestro ancho mundo. La cátedra de su voz autorizada comporta una realidad por nadie discutida. Pero María Dolores no destaca únicamente por la filigrana de su currículum sino también por las volutas, las cenefas y las sinalefas de su bienhadado y bien hallado carácter. Un carácter esgrimido con orlas de simpatía, de una persistente franqueza a prueba de bombas y de un altísimo sentido de la convicción familiar.

Religiosa hasta la médula de su mejor postulado moral: tan es así que inclusive su boda fue imagen fotográfica en las páginas del ABC cuando, por los fenómenos de convergencia de los memoriales del gozo que siempre regresan bajo palio, coincidiera la procesión extraordinaria de la Virgen de la Encarnación con la salida de María Dolores vestida de novia de su capilla del Sagrario de la Capital Hispalense en un reencuentro entonces también bendecido por Monseñor Cirarda y por nuestro siempre preclaro Carlos Amigo Vallejo.

Para el ciclo ‘Escuela de Salud’ de la programación cultural del Grupo Romero Caballero representa todo un incontenible orgullo contar con su docta palabra. Hablará de las células madre adultas y de las células embrionarias. Y todos nosotros, absortos ya de antemano, la escucharemos silenciando nuestros móviles, complaciéndonos por el altruismo de su lección magistral y prorrumpiendo al unísono el gesto germinal y siempre fervoroso de este sincero aplauso.

sábado 21 de noviembre de 2009

'Poemas musicados'

Más de doscientas personas acudieron al espectáculo ‘Poemas musicados’ protagonizado este pasado miércoles por los profesores de Literatura Mario Benicio Nieto e Ignacio Pérez Gálvez. La invitación del acto anunciaba una velada teóricamente al uso de los conciertos intimistas de cantautores a la usanza de la década de los setenta. Porque el repertorio proponía el rescate nostálgico de canciones que en puridad forman parte del legado inmaterial de varias generaciones de españoles. Y porque además la práctica totalidad –o, por mejor señalar, la totalidad sin excepción alguna- significaron el canto emocionado y a la vez versionado –musicalmente hablando- de poemas de autores de la talla de Miguel Hernández, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Violeta Parra, Ángel González, los Machado, etcétera. Pero no obstante la sesión rebasó todas las previsiones no únicamente de concurrencia de público –más de doscientas personas se congregaron en la Escuela de Hostelería- sino de la calidad de voces de los artistas de la noche. En no pocas ocasiones el público se levantó en respuestas de ovaciones conjuntas.

El clima de unificación de los sentimientos, de conjunción de herencias sentimentales, de un pertinente y plácido intercambio de versos proyectados en PowerPoint, el condominio cultural de estribillos que todos tatarearon susurrando melodías de ensueño, la inmensurable e inconmensurable privación de cualquier estrés o ligereza o agobio impuesto por el ritmo de nuestra vida diaria, la implantación reconfortante de un latido de evasión intimista, el hermanamiento tácito del público, la penumbra de atención y asombro, la pandereta que hace camino al andar, la guitarra que vuelve a los 17, la paloma que otra vez se equivocaba…

Muchísimos profesores, alumnos, representantes del ámbito cultural local, jubilados, matrimonios de mediana edad, jóvenes de diversa procedencia… Todos conformando una misma audición, una misma corporación, una misma admiración. El ciclo ‘La cuarta pared’, enmarcado en la programación cultural del Grupo Romero Caballero, cosechó –de nuevo tras la actuación de la Reina Gitana semanas atrás- un rotundo éxito. De hecho la convivencia posterior se prolongó hasta entrada la madrugada tanto durante el aperitivo ofrecido por el Catering Las Vides como en el propio bar/cafetería de la Escuela de Hostelería.

El profesor, académico y vicepresidente del Centro de Estudios Históricos Jerezanos Francisco Antonio García Romero tuvo a su cargo la presentación propiamente dicha de los colegas/cantantes. Antes fue Juan Félix Bellido quien agradeció a los presentes tan nutrida asistencia en nombre de la entidad organizadora. Francisco Antonio García Romero dijo que “hoy vamos a hacer filología e historia. Vamos a imitar a los oyentes del gran Homero y de los aedos micénicos, a los conciudadanos de Hesíodo, que escuchaban la prevaricación de los jueces comprados por Perses, y… a los juglares que llevaron al Cid por todos los rincones de la vieja España. Ellos marcaban sus melodías y cantares con forminge, lira o bandolina; estos dos con primitivos instrumentos: la cítara (que por el árabe acaba en guitarra) y la pandereta (que deriva de la pandoura griega). Pero lo principal son sus afinadas, complementarias, cónsonas voces y las evocadoras letras, de entre lo más escogido de nuestra literatura”.

‘Poemas musicados’ fue un alarde de sincronización de lírica cantada, de reivindicación de los más quintaesenciados valores humanos, un lúcido y lucido tributo a poetas que escribieron y describieron la sangre de la sinceridad en estrofas de sintonía. Al término del concierto el público no cesó de preguntar a propósito del punto de venta del disco de Mario Benicio e Ignacio Pérez. Un trabajo discográfico que, por inexistente, debe alzarse pronto en una gozosa realidad.

jueves 19 de noviembre de 2009


“La Moderna es un local con alma, un alma formada por miles de voces que comparten un tiempo robado a la vida”

“Desde esta atalaya privilegiada que es La Moderna se puede observar perfectamente el pulso de la ciudad: sus manifestaciones religiosas, reivindicativas o lúdicas, sus alegrías o temores”

Un acto de justicia en el tiempo, un baño de multitudes, una poética de jerezanía, el canto del cisne de la popularidad que siempre regresa a las fecundas directrices del compañerismo ilimitado: el rencuentro de la vieja guardia de la movida madrileña extrapolada a Jerez a principios de los años ochenta, un índice onomástico bruñido de recuerdos, la catalogación permanente de la memoria, el calor de la nostalgia que ahora retornaba con sabor a papas aliñadas. No cupo un alfiler en el Aula 2 –Aula Magna- de la Escuela de Hostelería este pasado martes noche. La presencia de Atilano Pacheco -¡siempre un cabal jerezano a la “moderna” usanza- concitó el interés de propios y de ningún extraño: de hecho todos los presentes en el mencionado punto de encuentro –hervidero de emociones conjuntas- manejaban en sus adentros, en las alacenas de la intimidad, en los resguardos de la vivencia algún anecdotario siempre interrelacionado con el bar ‘La Moderna’ o con la familia Pacheco. A decir verdad: ¿No representan el celebérrimo establecimiento y los integrantes de tan reconocida estirpe una misma esencia?

La ocasión la pintaban calva: la mesa presidencial se transformó ipso facto en la barra del bar de la remembranza. Y se hizo el senado de unos tertulianos que antaño cantaban su rebeldía con sones de ternura, con estribillos de Radio Futura, Golpes Bajos, Gabinete Caligari… Javier de Miguel –verbo en flor de un dadaísmo siempre ocurrente- presentó al conferenciante de la noche. Javier, forjador del idioma, animador a golpe de metáfora, adjetivó al gran Atilano como “el venerado, el Faro de Occidente en las noches oscuras de la melancolía, el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia Humana en la calle Larga, doctor en Alegría y máster por la Universidad de la Sensatez. Graduado en Generosidad como el vino de su querida tierra. El Gigante Bueno de nuestros mejores sueños. El cronista de la tarde interminable, el mejor padre y esposo, el hermano de la Luz y el Viento. En pocas palabras, nuestro presidente”.

“La muralla –añadió Javier de Miguel- es sólo una piedra que lleva esperando quinientos años que le pongan una manzanilla y la marea viene y va como el cuerno del oro, gritos y teorías resbalan entre la caballa y el pan, sólo Dios sabe cuánta razón tenía el que acaba de marchar, ausencias sujetas con cadenas de fidelidad y respeto, anónimos y conocidos, locos y valientes, a todos Atilano preside desde la tribuna del pueblo”.

Atilano habló en todo instante con la lengua pegada al pulso de sus más enérgicas emociones: “Mis primeros recuerdos de La Moderna son los de ir a visitar a mi abuela Mercedes, que trabajaba allí con mi tía Patricia. Desde que era un chaval ya jugaba allí con mi hermano Alfonso. Desde siempre La Moderna fue nuestro segundo hogar”. Desde entonces a la actualidad han llovido chaparrones de fraternidad, conexión con la ciudadanía, “momentos buenos y momentos difíciles”, décadas de fidelidad, urdimbre afectiva con una clientela que también ha formado parte protagónica de este sanctasanctórum de la convivencia jerezana.

Atilano formuló a viva voz “una pregunta indescifrable”: “Cómo, después de trabajar 35 años en el mismo sitio, seguimos yendo con alegría al trabajo. Bueno, hay días que no tenemos tantas ganas porque el cuerpo o los problemas nos lo impiden, pero sí es cierto que cuando llegamos allí el contacto con la clientela nos anima y nos da fuerzas increíbles. Yo, personalmente, preferiría trabajar otros 35 años más en La Moderna que sólo 5 de mi vida en algo que no fuese esto. En La Moderna hemos aprendido mucho, desde pintura hasta albañilería. Todos los que van allí nos enseñan algo nuevo. Conversar con algunos clientes es un auténtico placer. Lo que siempre nos deja asombrados es que todas las personas pueden enseñarte algo, que cualquier persona, por humilde que sea, puede darte una lección de generosidad y calidad humana a cambio de un simple café”.

Para Atilano Pacheco, “desee esta atalaya privilegiada que es La Moderna se puede observar perfectamente el pulso de la ciudad: sus manifestaciones religiosas, reivindicativas o lúdicas, sus alegrías o temores. La Moderna es un local con alma, un alma formada por miles de voces que comparten un tiempo robado a la vida”. Numerosísimas intervenciones de parte del público concurrente desgranaron anécdotas, agradecimientos, congratulaciones y aplausos en forma de sentidas palabras. Muchas de ellas dirigidas a la memoria del patriarca de los actuales propietarios de ‘La Moderna’ Fernando Pacheco. Al término de la ponencia, que además estuvo ilustrada con fotografías de diferentes épocas de ‘La Moderna’, se sirvió un aperitivo y un jerez de honor por gentileza del Catering Las Vides.

domingo 15 de noviembre de 2009

José Carlos Fernández

La casualidad –ese irresoluto rastro de lo inhóspito- nos reunió de nuevo el pasado jueves noche en una cena de postín que, opíparo menú al montón y al mentón, coronaría las Jornadas Técnicas de los Editores Andaluces celebrada hace apenas tres jornadas en Jerez. Fue rencuentro anhelado por ambas partes. Hace meses estuve a punto de solicitarle un encuentro a medias fraternal, a medias profesional. Pero desistí del intento por mor de su bien merecido asueto (anda el hombre recreándose en el ágora del descanso del guerrero). Hablo de José Carlos Fernández Moreno, amigo y maestro en la cátedra de la mundología del saber ser/saber estar. Charlamos de sirios y troyanos, de periódicos y de digitalización de la prensa, de San Fernando cofradiero y de librillos, libretos y libracos. A la mañana siguiente desayunamos en el ‘Café de París’ de mi espacio radiofónico. Me honraba parrafar, paliquear y parlotear con José Carlos Fernández: un gestor cultural multifacético, inquieto como la letra encima del teclado, versátil como la miscelánea del alfabeto y ordenado como la ecuación de toda biblioteca que se precie. Nos situamos en dos lugares a la misma vez: San Fernando y Jerez. Y charlé con este eminente periodista que ha compaginado además la dirección de la Real Academia de San Romualdo, la dirección de la gerencia de Cultura del Ayuntamiento de San Fernando, la dirección de la editorial Publicaciones del Sur Editores, la escritura de libros, la redacción de artículos en prensa… etcétera. De espíritu mozo, de verbo exquisito y de mirada expresiva. Mi amistad con José Carlos, después de los remanentes del tiempo que nos une, no ha perdido fuelle. En efecto: todavía existen afinidades a prueba de bombas.

sábado 14 de noviembre de 2009

En grácil mezcolanza con el devenir de los tiempos

Discurso inauguración Aulario Permanente de Historia

En la protohistoria los iberos acudían anualmente a Montségur para rendir homenaje al sol en el equinoccio de otoño. De la protohistoria a nuestro hodierno siglo XXI han llovido todos los chaparrones –habidos y por haber, Habidis y por deber- y sin embargo la humanidad sigue anclada en su alcazaba de desafueros y en su tronera de desatinos. No obstante coexisten impulsos del todo beneficiadores que mantienen su furor. Por ejemplo: a día de hoy, al igual que en aquellos entonces los iberos, nos apetece renovar cualquier prístino homenaje al sol y asimismo se nos antoja hacerlo a tiempo presente, es decir, igualmente en esta época también otoñal.

Aunque… Cabría preguntarnos a qué ton nuestra fogosa apetencia por homenajear al astro rey. Y de seguidillo la respuesta no tampoco encontraría ninguna laberíntica paráfrasis. Pues llana y sencillamente porque hoy concurren en este acto que nos convoca –a imagen y semejanza del sol- todo el calor pendular de la Historia como género mayor y toda la luz de su estudio como asignatura de necesaria exploración, indagación y averiguación.

Iniciamos un ciclo que, coorganizado por el Grupo Romero Caballero y el Centro de Estudios Históricos Jerezanos, tributará honores al rigor investigativo, a la contrastada veracidad del dato, a la fundamentada interjección del documento y a la revitalización de los acontecimientos que ya no duermen el sueño de los justos en la ciudad dormitorio de sus estantes de bibliotecas. Los investigadores, los historiadores y –en suma y por ende- los intelectuales que subirán a la atalaya de este atril (por vera o por la Porvera de un asfalto de micrófono y casa hostelera) arrojarán –al por mayor y al pie de la letra- unos centones de profesionalidad, currículo, trayectoria, ecuanimidad, madurez y reconocimiento académico.

Todos los ponentes, absolutamente todos, han de enmarcarse como reconocidos hijos legítimos de la Cultura que –en grácil mezcolanza con el devenir del destino, de la Diosa Fortuna o de la Madre Estrella- ahora descienden de las crónicas heroicas de Alfonso X el Sabio o de la impagable aportación de eximios predecesores como, verbigracia, Hipólito Sancho de Sopranis.

Conoceremos –de profundis, a tiro hecho, a toda costa, a todas luces y a todo pasto- el arquitrabe y a su vez el frontispicio del Jerez artístico, monumental, medieval, urbanístico, heráldico e inclusive el intrahistórico: dícese aquella ciudad imaginada o imaginaria que todavía palpita intramuros de las verdades a medias o de las medias certezas. En efecto: así como el mundo es simultáneo, la Historia a veces se quiere transversal, entrecruzada, laberíntica y a ratos atrabiliaria, infusa e inexacta.

Hasta que investigadores del corte y la talla de cuantos –laboriosamente- componen el Centro de Estudios Históricos Jerezanos saltaron a la palestra del mapamundi de la reconstrucción de los hechos. Entonces el polvo voló enérgicamente de las tapas de los archivadores y el esclarecimiento de los legajos fue trascrito en negros sobre blanco hasta su consagración de tesis, volúmenes librescos, ensayos infalibles y hallazgos imbatibles.

El Aulario que hoy bautizamos con las aguas del Jordán de este Centro de Estudios sacrosantamente balsámico nos bendecirá con su rosario de mandamientos de la ley taquigrafiada –a fuego y miel- por escribanos tales los Mendoza, los Dávila, los Amaya, los Riquel, los Orbaneja o, muchos lustros más tarde, los Juan de Espínola y Torres o Bartolomé Gutiérrez.

Con su voz engolada de erudito plenipotenciario y con su garra de oso cavernario, don Camilo José Cela dejó escrito –caligrafía menuda de hormigas en hilera de igualdad- que no es costumbre que la costumbre deje de ser costumbre. Otro cantar será si las costumbres de nuestros antepasados - tamizadas por el velo de la omisión, por el manto del calendario y por el olvido de los años- no merecen la reseña de su enseñanza y el predicamento de su transmisión. A tal fin se unen a todos vosotros los investigadores del Centro de Estudios Históricos Jerezanos y al socaire de tan lícito propósito dedicamos in situ nuestro más enérgico y valedero aplauso.

domingo 8 de noviembre de 2009

La parranda de lo inédito

Sección ‘Recomendaciones’ del espacio radiofónico ‘Café de París’ – Cadena COPE

Hay quien –sin encomendarse ni a Dios ni al diablo- sentencia que el cine nos evade de todo mal. Esta aseveración podemos ponerla en solfa a tiempo presente. Algunas películas –quizá demasiadas en la novelería de los estrenos tallados en serie- propugnan ciertamente la maquinaria de la maldad. Las aristas de la violencia. La zarabanda de la delincuencia. Posiblemente un consejo internacional de guionistas debiera analizar la función sociológica del séptimo arte como mejora de la humanidad y no como expendedora de pingues beneficios económicos. Al hilo de este razonamiento propongo hoy un puñado de películas pedagógicas en su trasfondo argumental. O, en el menos didáctico de los casos, divertidas de tomo y lomo, risueñas, contemplativas en suma… Acaba de editarse en formato DVD la azulada Mamma Mía! Una película que no gozó de la justeza y de la justicia crítica en su determinante momento acaso porque los plumillas del oficio no acertaron a vislumbrar el mensaje fraternal de su empaque musical. Pues a comprarla, disfrutarla y mimarla toca. Otra subrayable noticia: acaba de salir al mercado las versiones en DVD de películas españolas como ‘Amanece, que no es poco’, ‘El viaje a ninguna parte’, ‘El bosque animado’ o ‘La vaquilla’. Me consta que el precio, por módico, exige el arrebato comercial de esta irrevocable tentación: el cine español merece el canjeo de su compra/venta. Por cierto: las carteleras cuelgan en sus salas multicines algunos títulos hispanos que prometen la parranda de lo inédito. Me hablan del magnetismo visual de la película ‘Castillos de cartón’ –basada en la prosa de Almudena Grandes-. Es la penúltima propuesta de nuestro Café de París de este viernes flamígero y ligeramente invernal. La semana próxima toca capuchinos con espuma de actualidad. Hasta entonces, sed felices.